Situado en la calle Conde de Peñalver, número treinta y dos de Madrid es un local caro para un consumo habitual, aparte de no tener servicio para personas con movilidad reducida y no esta adaptado por tenerlos en un sótano. Los precios son bastante más caros que un bar de barrio de toda la vida y el trato del personal es bueno. El precio de un vaso de leche en dos mil veintitrés era de dos euros con veinte céntimos o trescientas sesenta y seis pesetas.