El Museo Picasso - Colección Eugenio Arias de Buitrago del Lozoya (Madrid) se encuentra instalado en los bajos de su ayuntamiento desde 1985. Fue creado gracias a la donación de las obras que durante 26 años fue atesorando Eugenio Arias Herranz, barbero y gran amigo de Picasso.
La colección, cedida por Eugenio Arias a la Diputación de Madrid en 1982, fue trasladada desde Francia a España tras el largo exilio del "barbero de Picasso", como le solía llamar el artista. La única condición que puso fue que dicha colección se instalara en Buitrago del Lozoya, para responder así a su deseo de crear un museo monográfico en su pueblo natal.
De este modo, el 5 de marzo de 1985, y con la asistencia del entonces presidente de la Comunidad de Madrid, Joaquín Leguina, el alcalde de Buitrago del Lozoya, Bernardo Varona, y Eugenio Arias con su esposa, se inaugura uno de los 68 museos que hay repartidos por Europa, Asia y América con obras de Picasso: la Colección Eugenio Arias.
Eugenio Arias Herranz nació en 1909 en Buitrago del Lozoya. Allí fue a la escuela hasta los 9 años y trabajó como peluquero hasta la guerra civil española. Al finalizar esta se exilió a Francia y, tras las dificultades vividas en los campos de concentración y en el maquis, pudo por fin afincarse con la que será su mujer en la ciudad de Vallauris (Costa Azul) hacia el año 1946, donde instaló su peluquería.
Por aquellas fechas, Picasso había fijado también su residencia en Vallauris, en la villa La Galloise, con su esposa Françoise Gilot (la madre de Claude y Paloma).
Picasso comenzó a acudir en 1948 a la barbería de Eugenio Arias, donde disfrutaba de la conversación con el barbero, exiliado comunista como él. El pintor, fiel a las amistades antiguas, hizo partícipe a Arias de su círculo artístico e íntimo de amigos, de los cuales también se conservan recuerdos en el museo: Jacqueline Rocque, Françoise Gilot, Jean Cocteau, David Douglas Duncan, Edouard Pignon, Hélène Parmelin o André Villers son algunos de los ejemplos.
Apenas conversaban de política a pesar de sus afinidades ideológicas. Ambos compartían la vida cotidiana: jugaban a las cartas, realizaban rondas a los bares, asistían a las corridas de toros, conversaban sobre España y Arias le recitaba poesía española. Pero la relación entre ambos era más amplia y compleja: el barbero se encargaba de las relaciones humanas del artista con el mundo exterior durante los años que vivió en Vallauris. Desde su peluquería, Arias recibía a las personas que llegaban a esta localidad con el propósito de visitar al pintor. Ahuyentaba a los curiosos y procuraba conceder entrevistas con el pintor a artistas, toreros, cantaores o españoles que trabajaban en Francia y deseaban conocer a su genial compatriota.
El contenido del museo es variado a pesar de tratarse de una pequeña colección de 65 obras, pues cuenta con cerámicas, litografías, carteles, dibujos y aguadas. Pero entre todas las obras, hay una que destaca del resto. Se trata de la caja donde Arias guardaba las herramientas utilizadas en su oficio: decorada en todas sus caras con motivos taurinos realizados con pirograbado, es la única obra conocida de Picasso en la que emplea esta técnica.
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